La filosofía de Nietzsche

Aguila Mística

En Nietzsche (1844-1900) una de las características más relevantes y esenciales de su obra resulta ser la dualidad de su pensar. También otro factor a considerar es la simbología que se descubre en todos sus escritos. Y asimismo, la imperiosa necesidad de comprender los problemas más radicales del hombre, y que por ende, será la substancia intelectual que va a regir el transcurso de toda su existencia.
Entre sus libros, quizá sea "El Anticristo" (1888) el más polémico. Al respecto: fue lo último que escribió; lo termina poco tiempo antes de hundirse en el silencio y el ocaso. En efecto, algunos meses después le sobreviene una muerte mental que le impide mantener la lucidez de un espíritu creador. A saber: Nietzsche deambula perdido en la locura hasta sus postreros días.
¿Qué significa el "Anticristo"? Al parecer, es el "hombre del futuro, que nos redimirá del ideal existente hasta ahora". Es decir, es "ese vencedor de Dios y la nada". Y que posee, además, "una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas". O sea, encarna el ser con "oídos nuevos para una música nueva". Dicho de otro modo: "una transvalorización de todos los valores", donde el cristianismo como doctrina debe ser superado. Es evidente, su filosofía se revela como la expresión más genuina de su alma: "Mirad, yo soy un anunciador del rayo y una pesada gota que cae de la nube: más ese rayo se llama superhombre"
Para un análisis riguroso y cabal del "Anticristo" es menester remontarse a los albores del reflexionar Nietzscheano. Sus cavilaciones no pueden ser sometidas a interpretación si no se comprende la génesis y evolución de sus ideas como un todo armónico. Es más, no podríamos saber si Nietzsche fue místico o nihilista. Aseverar si fue ambas cosas a la vez, o ninguna de ellas. Por ejemplo, cómo descifrar tales fragmentos: "Obra de un dios sufriente y atormentado me pareció entonces el mundo. El creador quiso apartar la vista de sí mismo; entonces creó el mundo, este mundo eternamente imperfecto, e imagen imperfecta de una contradicción eterna". Digamos que su divagar oscila entre una tesis y una antítesis. Esgrimo, Nietzsche representa el prototipo del pensamiento trágico: "La ley eterna de las cosas se cumple en el devenir constante, no hay culpa, ni en consecuencia redención, sino la inocencia del devenir".
El proceso de su creación se va gestando a partir del "Origen de la Tragedia" (1872) como una metafísica del arte: "La vida es como una fuente eterna que constantemente produce individuaciones y que, produciéndolas, se desgarra a sí misma. Por eso la muerte es el placer supremo, en cuanto significa el reencuentro con el origen".
Su mayor hondura existencial la alcanza en "Así habló Zaratustra" (1883-1885). Nietzsche alude: "Este libro dotado de una voz que atraviesa milenios, es también el libro más profundo, un pozo inagotable, al que ningún cubo desciende sin subir lleno de oro y bondad".
Como idea primigenia su "Zaratustra" constaría tan sólo de tres partes: "Superhombre, "Muerte de Dios" y Voluntad de Poder". Más tarde agregaría un cuarto enunciado: "El Eterno Retorno". De momento, este último tema iba a ser el inicio de un tríptico cuyo título sería "Mediodía y Eternidad". Pondero: los otros dos capítulos nunca se redactaron.
Cabe consignar que fue en la "Gaya Ciencia" (1882) donde aparece por primera vez el concepto: "Muerte de Dios". Nietzsche conjetura si todos nosotros no seremos sus asesinos: "Pero ¿cómo hemos hecho esto? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte entero? ¿Hacia dónde nos movemos? ¿Hay todavía un arriba, un abajo?".
Los años postreros de vida, en Nietzsche, parecen ser los más fecundos; sin embargo, ya es una creatividad con una honda connotación nihilista. Proyecta escribir "La Voluntad de Poder", obra que abarcaría cuatro libros, a saber: "¿Qué es la verdad?", "Procedencia de los Valores", "Lucha de los Valores", "El Gran Mediodía". Desecha esbozos y papeles y decide publicar en forma resumida un compendio de su nuevo filosofar con el nombre de "Crepúsculo de los Idolos" (1887-1888), con la intención de que sea según él: "una especie de iniciación para mi Transvalorización de Todos los Valores". Tampoco esta intención se lleva a cabo según los planes iniciales. Programada esta Transvalorización en cuatro partes se reduce a un solo escrito, cuyo nombre es entonces: "El Anticristo"
Pero es en el "Crepúsculo de los Idolos" donde se manifiesta la primera y fundamental contradicción en el pensamiento de Nietzsche. Enfatizo: la problemática del "yo" como substancia, como ente; quiere ser reducida a la nada. Desde aquí, emprende el camino contra el cristianismo y la metafísica en general, cosa que se agudiza en extremo en la temática del "Anticristo". Obviamente, quiere darle al devenir del "yo" el carácter de movimiento sensible, no constituido por una fuerza que proceda de un mundo intangible. No obstante, basta recordar que en el capítulo de "L Canción de la Noche" (Así Habló Zaratustra), Nietzsche es movido por una conciencia que no pertenece a la esfera de los sentidos: "Luz soy yo; ¡ay, si fuera noche! Pero ésta es mi soledad, el estar circundado de luz. Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí todas las llamas que de mi salen". El gran pensador cristiano que fue San Agustín diría con respecto a esta vivencia: "Este yo es el espíritu, la substancia espiritual". Por tanto: "cuando el espíritu se conoce a sí mismo se conoce como substancia".
Lo expuesto nos lleva a constatar que "El Anticristo", más que todo, es un libro que tiende a cuestionar el cristianismo como legado histórico, como religión, en la cual los hombres sustentarían sus valores más sólidos. Pues, muy bien sabía Nietzsche que la figura de Jesús como fundamento ontológico, como principio metafísico de la creación, no puede perder trascendencia, a pesar de los embates del tiempo y del pensar; acaso, ¿no es en el capítulo "La Más Silenciosa de Todas las Horas", donde Zaratustra, abrumado por la revelación del eterno retorno, por el peso de "esa verdad", grita: "¿Quién soy yo? Yo espero a uno más digno; no soy siquiera digno de hacerme pedazos contra él". Asevero: Nietzsche en este párrafo se refiere claramente a Jesús como un ser superior.
Estos manuscritos, como quiso nominar el autor a su libro "El Anticristo", cuestionan el cristianismo con los subsecuentes argumentos: aparece como una religión: " de causas puramente imaginarias (Dios, Alma). Efectos puramente imaginarios (pecado, redención, castigo, remisión de los pecados). Un mundo de pura ficción (El Reino de Dios, el Juicio Final, la Vida Eterna)". Y agrega Nietzsche: "La fe como imperativo es el veto de la ciencia". Empero, ¿no es el conocimiento del alma superior a la ciencia?
En definitiva, para comprender la sabiduría de Jesús y la esencia del cristianismo, hay que hacer propios estos vocablos suyos: "Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae".
Cuál es el arcano del hombre, se interroga Nietzsche, y Jesús responde: "El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del espíritu".



Cesar Vásquez López
Poeta de Chile

Derecho Intelectual
Inscripción N° 108.115
Chile

 


 

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