
¿Qué
es el hombre para Nietzsche? "Fragmento y enigma y espantoso
azar". No obstante, ¿cómo dilucidar tal
paradoja existencial? En definitiva, rememoro un ditirambo
suyo: "Valorar es crear: ¡oídlo creadores!
Sólo por el valorar existe el valor: y sin valorar
la nuez de la existencia estaría vacía".
Empero, el horizonte del hombre se revela inescrutable; tampoco,
surge de aquel imperativo Nietzscheano , un referente por
el cual el hombre pueda aprehender su destino. En efecto,
Nietzsche subrraya: "¿En qué medida soporta
la verdad que se la incorpore? Esta es la cuestión,
este es el experimento"; y conjetura: "Cuanto más
profundo ve el hombre en la vida más profundo ve también
el sufrimiento".
Para Nietzsche, el legado metafísico no es verbo, no
es postulado; de hecho esgrime: "El mundo nos parece
lógico porque primero lo hemos logificado". Por
ende, cuando Parménides en los albores de la ontología
enuncia: " No se piensa lo que no es", Nietzsche
concluye: "Lo que puede ser pensado tiene que ser con
seguridad una ficción". Más aún
enfatiza: "Pero suponiendo incluso que hubiera un en
sí, un incondicionado, por eso mismo no podría
ser conocido: de lo contrarío no sería precisamente
incondicionado"; es decir, "Nuestro yo (selbst),
del que tenemos conocimiento, ¿no es también
el sólo una imagen, algo fuera de nosotros, externo,
exterior?".
La ruptura de Nietzsche con todo lo denominado filosofía
del Ente, deja entrever la gestación de un cavilar
a-conceptual; por ejemplo: "Acuñar al devenir
el carácter del ser: he aquí la suprema voluntad
del poder". Al respecto, Nietzsche configura el siguiente
axioma: "Malvada llamo, y enemigas del hombre a todas
esas doctrinas del Uno, lo Inmóvil y lo Imperecedero".
El transfondo que se vislumbra de esta nueva simbología
del pensar Nietzscheano, radica en la inversión del
concepto /fundamento/ (grund) por la noción /abismo/
(Abgrund). A saber, de Nietzsche transcribo un aforismo esclarecedor:
"¿Veís abrirse aquí para vosotros
el abismo? Ahora es cuando la montaña del futuro humano
está de parto".
Es obvio, como Nietzsche no puede sustraerse al origen del
Ente, debe entonces, estructurar un análisis científico
de sus ideas, las cuales lo conllevan a la búsqueda
de la concepción mas primigenia del Ente. Por tanto,
ya en lo más remoto de la intelección humana
avizora las raíces de la herencia Platónica-Cristiana.
Sintetizo: con Aximandro comienza el meditar del hombre; por
añadidura, al Ente se lo distingue con el apelativo
de "Apeirón"; luego, Heraclito lo denomina
"Physis"; y Parménides lo define finalmente
como "Eon". Pero, es en Parménides donde
Nietzsche invierte los valores metafísicos en valores
axiológicos.
Nietzsche concuerda con la reflexión de Parménides:
"El Eon es Ateleston y Tetelesmenon". O sea, a causa
del Ente: el mundo no tiene principio ni fin.
Cabe consignar: para Parménides el "Eon"
es el "Ser Pristino" o lo "Uno Primordial".
Sin embargo, Nietzsche no medita el "Eon" como un
"Ser Ontico", sino como "Eterno Retorno".
El "Eterno Retorno" brota de súbito en la
conciencia de Nietzsche: "Y así es como habla
la sabiduría de pájaro: ¡Mira, no hay
ni arriba ni abajo!". En consecuencia, sólo a
través de un lenguaje poético logra dar vida
y hondura intelectual a aquella experiencia onírica:
"Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias:
tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue
lo que cayó en su profundidad". Por tanto, Nietzsche
sabe que su filosofía del "Eterno Retorno"
tendrá un amanecer: "Para la idea más portentosa
se requiere muchos milenios... ¡Durante muchísimo
tiempo le toca ser pequeña e impotente".
Desde luego, analiza: "¿Será posible que
estemos casualmente arrojados a este rincón mecánico
del orden cósmico?; en suma: "Si no se cree en
un movimiento cíclico del Cosmos, se tiene que creer
en el Dios arbitrio". Es evidente, este pathos trágico
del hombre Nietzsche lo define así: "Obra de un
dios sufriente y atormentado me pareció entonces el
mundo. El creador quiso apartar la vista de sí mismo,
entonces creó el mundo". Con todo reflexiona y
añade: " Para conservarse, el hombre empezó
implantando valores en las cosas, él fue el primero
en crear un sentido a las cosas, un sentido humano".
En conclusión. Nietzsche con su premisa del "Eterno
Retorno", se propone romper con los valores del hombre:
"Dios es una suposición: yo quiero que vuestro
suponer se mantenga dentro de los límites de lo pensable.
¿Podríais vosotros pensar a Dios?".
Medito: si no hay un conocimiento de Dios, ¿cuál
es el rastro para que el hombre pueda peregrinar?; ¿sólo
la huella del laberinto? Nietzsche aduce: "Es inmortal
el instante en que engendré el retorno. Los valores
supremos se desvalorizan; falta la respuesta al porqué".
Con todo, Nietzsche necesita un médium para expresar
su pensamiento más abismal. Por consiguiente exclama:
"Quien es una primicia es siempre sacrificado. Crucifican
a quien escribe nuevos valores sobre nuevas tablas".
Distingamos, es en su obra cumbre: "Así Habló
Zaratustra", donde Nietzsche encuentra el tono inefable
y la madurez filosófica para vivenciar el "Eterno
Retorno". Asimismo, a modo de preámbulo transcribe:
"Quien una vez ha de encender el rayo, ha de ser por
largo tiempo nube".
Ahora es Nietzsche-Zaratustra quien pregona: "Mirad,
yo soy un anunciador del rayo, y una pesada gota que cae de
la nube: mas ese rayo se llama superhombre"; y pondera:
"¿quién es el que algún día
tiene que venir?".
Conjeturo: Zaratustra es el "Superhombre" que ha
de venir y que pregonará el "Eterno Retorno".
Con esta nueva visión del mundo, pierden validez los
conceptos del bien y del mal. Por ende, ya no hay pecado ni
redención. Es menester, la "Inocencia del Devenir"
es el naciente evangelio del hombre.
En un texto inédito, no inserto en la temática
de "Así Habló Zaratustra", Nietzsche
expone su teoría del "Eterno Retorno". Mediante
esta exposición se revela la caducidad del sentido
Cristiano del mundo.
Comienzo: "La medida de la fuerza del /Todo/ es definida,
no infinita. Sí es infinito el tiempo durante el cual
ejerce su fuerza el /Todo/; es decir, la fuerza es eternamente
idéntica y eternamente operante. Todo ha existido infinitas
veces, conforme retorna siempre de nuevo la constelación
de conjunto de todas las fuerzas"
Deduzco: Zaratustra, se alza como la figura antitética
del Crucificado. Veamos: " Si hubiera dioses, ¡cómo
soportaría yo el no ser Dios! Por tanto, no hay dioses".
Entretanto, ¿qué sugiere la enseñanza
de Zaratustra? Leamos: "Yo camino entre los hombre como
entre fragmentos del futuro".
Zaratustra, al evocar la muerte de Dios repiensa: "¿Vio
cómo el hombre pendía de la cruz, y no soportó
que el amor al hombre se convirtiese en su infierno, y finalmente
en su muerte?". Taciturno Zaratustra balbucea: "¿Por
qué nos dio unos oídos que le oían mal.
Si en nuestros oídos había barro ¡bien!
¿quién lo había introducido allí?".
Zaratustra se remece ante el oscuro arcano del hombre, y grita:
"¡Ay, pensamiento abismal, ¿cuándo
encontraré la fuerza para oírte cavar, y no
temblar yo ya?". Sin embargo, su propia conciencia le
responde: "¡Oh Zaratustra, tú piedra de
la sabiduría. A ti mismo te has arrojado tan alto,
mas toda piedra arrojada tiene que caer!"; y luego, su
/yo/ agrega: "Tienes que querer consumirte a ti mismo
en tu propia llama: ¡cómo te renovarías
si antes no te hubieses convertido en cenizas!".
Anonadado, Zaratustra oye por postrer vez en lo hondo de si
mismo: "Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda
del ser. El centro está en todas partes. Curvo es el
sendero de la eternidad". Perplejo, Zaratustra responde:
"Luz soy yo: ¡Ay, si fuera noche! Pero ésta
es mi soledad, el estar circundado de luz".
Indiscutiblemente, Nietzsche con su filosofía del "Eterno
Retorno", trastoca los valores de la cultura occidental,
pero también, ilumina otro ámbito del pensar.
Al menos, nos advierte: "Los individuos de más
elevada jerarquía son los últimos en ser conquistados
por una magna verdad: éste es el sufrimiento de los
veraces".
Cesar
Vásquez López
Poeta de Chile
Derecho
Intelectual
Inscripción N° 108.115
Chile
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